La salida toma forma de estimulantes varios. Desde
los clásicos mates y enormes tazas de café hasta productos
farmacéuticos que prometen renovar la energía, estimular la memoria
y espantar el sueño. Pero los expertos advierten sobre los peligros de automedicarse.
Y recomiendan métodos más naturales para aumentar el rendimiento sin
comprometer la salud.
"Los estudiantes que buscan un producto para mejorar
su rendimiento, porque se cansan o les cuesta memorizar, en realidad
no lo hacen porque quieren rendir más, sino porque notan que
están rindiendo menos —advierte el neurólogo Alejandro Andersson,
presidente del Instituto de Neurología Buenos Aires—. Esto sucede
especialmente después de mitad de año. Notan que lo que antes leían
en una hora, ahora les lleva cuatro. Esos chicos que advierten una
disminución del rendimiento intelectual son estudiantes que por el
ritmo del año y otros factores, como no tener un adecuado régimen de
actividad física u horas de sueño, se cansan y estresan. El estrés
es una respuesta de defensa muy importante, es un mecanismo de
adaptación. El problema es cuando se hace crónico. Cuando estás
cansado y agotado, descansas peor a la noche y rendís menos
intelectualmente. Esto no se soluciona con productos farmacéuticos:"
no
hay una pastilla para el cansancio", advierte el
especialista.
Entre los productos a los que recurren los
estudiantes los hay de venta bajo estricta receta, como las anfetaminas
y sus derivados. Los controles, de todas maneras, no impiden un mercado
paralelo ilegal. También los hay de venta libre, como las
vitaminas o tónicos, que además de vitaminas reúnen minerales y
aminoácidos.
"Las anfetaminas puras son difíciles de
obtener —explica Antonio Somaini, ex presidente del Colegio de
Farmacéuticos de la Capital— porque hace falta receta médica
oficial en duplicado. Pero hay algunos derivados de anfetaminas que
todavía están en el mercado y que pueden provocar serios problemas
de adicción. Algunos estudiantes empiezan tomándolos para no
dormirse y terminan haciéndose dependientes. El riesgo es que
deterioran las neuronas y terminan afectando la conducta y el
rendimiento. Estimulan durante unas 5 horas, pero después hay una
caída. Entonces, toman más para sentirse en actividad y, cuando
están muy excitados, recurren a los psicotrópicos tranquilizantes.
De allí a la drogadicción hay un paso", concluye Somaini.
"El doctor Alberto Calabrese, comisionado general de
Prevención y Asistencia de la Secretaría de Drogas, recuerda que
"en el año 67 se hizo un estudio y se descubrió que el ochenta
por ciento de los 5.000 alumnos de la Facultad de Medicina consumía
anfetaminas para aumentar su rendimiento. Después, las anfetaminas
cayeron en desuso y no hay datos actuales sobre si se siguen empleando
para estudiar más. Según observamos, los estudiantes sí usan
psicofármacos del grupo de los tranquilizantes menores para
aliviar las tensiones. Suelen estar presionados por la frustración
frente a la falta de expectativas o la incertidumbre sobre si van a
poder insertarse en el mercado laboral", explica Calabrese.
"Las anfetaminas no favorecen el aprendizaje.
Hacen que el organismo trabaje de una manera muy superior a lo que
debería, y eso se termina pagando. Si bien en apariencia aumentan la
memoria, se caracterizan por ocasionar lapsus. El estudiante se
presenta al examen muy acelerado, con un montón de cosas en la
cabeza, pero tiene lagunas durante el examen y no las recuerda",
explica Andersson.
También existen productos de venta libre,
fundamentalmente vitaminas y tónicos, usados con la ilusión de
aumentar las energías y el rendimiento en el estudio.
"Desde el punto de vista científico, no es cierto
que una persona pueda mejorar su rendimiento tomando vitaminas. Las
vitaminas son nutrientes que necesitamos para funcionar y un exceso no
garantiza un mejor funcionamiento", afirma el nutricionista y
docente de la UBA Daniel De Girolami. "Es cierto que una persona
que tiene una dieta insuficiente o no aprovecha algunas sustancias
debido a alguna enfermedad, necesita un suplemento vitamínico. Pero
con una alimentación
normal, por lo general la gente cubre sus necesidades como
debe", agrega.
Además de no servir a los propósitos de mejorar
la performance, un exceso
de vitaminas puede ser peligroso. Los expertos recomiendan
tomarlas solamente cuando las indica un médico. "Las vitaminas
hidrosolubles, es decir, que se disuelven en agua, no son peligrosas.
Pero las liposolubles, es decir la A, D, E y K que se disuelven en
grasa, sí porque se forman depósitos en el organismo. Un exceso
puede ocasionar hipervitaminosis y generar trastornos
orgánicos", dice De Girolami.
"El consumo de vitaminas y suplementos dietarios ha
aumentado considerablemente de la mano de publicidades engañosas. El
riesgo sanitario es bajo en ese tipo de consumos, pero hay que evitar
la automedicación", sostiene Norberto Pallavicini, interventor
de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y
Tecnología (ANMAT). Y advierte: "Ninguna sustancia puede
aumentar la capacidad intelectual".
"Entre el grupo de los tónicos hay cosas como el
ginseng cuyo poder energizante es muy discutido. Tampoco es
dañino. Esta clase de productos no son adictivos en sí, pero pueden
ser placebos", dice Andersson. Calabrese coincide: "El
riesgo de los productos de venta libre no es tan alto. El problema es
la asociación en la imagen de cada quien de que necesita una
sustancia determinada para rendir de determinada manera".
¡Cuidado: No te automediques!
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Especialmente mujeres embarazadas, niños y ancianos pueden sufrir
algún daño si deciden por iniciativa propia tomar cualquier tipo de
medicamentos, incluso aspirinas o vitaminas. Es común acudir a la
farmacia para calmar algún dolor con un medicamento que conocemos porque alguna
vez nos fue recetado, o porque alguien nos dijo que era efectivo o simplemente,
porque nos pareció en el momento que podría servirnos.
La automedicación, práctica común tanto en hombres como mujeres, conlleva
riesgos severos incluso en pastillas que nos son familiares, como las aspirinas
o algunas vitaminas. Esto por varias razones, pero la principal es que cada
persona es diferente y puede manifestar una reacción propia al medicamento.
De acuerdo al químico farmacéutico y presidente de su gremio Iván Saavedra,
uno de los motivos de la automedicación es la comodidad, ya que se venden
medicamentos en ferias libres y otros sitios de alta concurrencia; por lo que
las personas suelen tomar esta determinación evitando así ir a una consulta,
caminar hasta la farmacia o consultar a su farmacéutico.
Otra razón es el problema económico, ya que ir al consultorio significa un
gasto en dinero, locomoción y espera.
Los países desarrollados han respondido a esta situación con políticas de
control de medicamentos. En Latinoamérica es una preocupación creciente y que
causa grandes problemas, especialmente con los medicamentos de venta directa,
que son aquellos que se venden sin regulación.
Riesgos Según explica Saavedra, cada medicamento y cada
principio activo que lo compone trae consigo una reacción adversa. Estas van
desde un simple enrojecimiento cutáneo hasta problemas mayores, como un paro
respiratorio.
Así, cuando hay una persona que se automedica acude a la consulta del médico,
éste se dedica a investigar la patología y si no se le informa que está tomando
un medicamento puede haber una equivocación en el diagnóstico o el tratamiento,
atribuyéndolo a otro motivo.
El segundo problema es la interacción, ya que los medicamentos tienen un
principio activo o droga que tiene el mismo sitio de absorción o eliminación y
por lo tanto, puede interactuar con otros medicamentos, con alimentos; algunos
aditivos que tienen los alimentos o los tóxicos ambientales, todos los que puede
potenciar la acción de la droga o disminuirla.
Medicamentos Todos los medicamentos son peligrosos en la
automedicación. Incluso, aunque se suele pensar que las vitaminas no son
dañinas, la vitamina A en exceso produce daño tanto a mujeres embarazadas como a
los pacientes comunes.
Hasta una simple Aspirina está contraindicada para las personas que suelen
hacer hemorragias o padecen de úlcera gástrica, y los componentes de este
medicamento le potencia estas patologías. Por su parte, el paracetamol no está
indicado para las personas que tienen daño hepático.
Cada persona es diferente a otra, tanto en absorción, metabolismo y excreción
de los fármacos, lo que junto a la reacción adversa que en sí cada fármaco
contiene, puede producir un daño.
Por eso, en general se recomienda no tomar ningún medicamento por iniciativa
propia, lo cual resulta altamente peligroso, especialmente en las personas de
edad, las embarazadas y los niños.
Fuente: Terra Chile
Mariano
Montenegro dijo que las benzodiazepinas "son muy buenas
si son bien prescritas y bien controladas por los médicos.
Pero se transforman en droga si empieza a haber automedicación".
El jefe del Area de Tratamiento
y Rehabilitación de la Comisión Nacional de Control de
Estupefacientes (Conace), Mariano Montenegro, alertó sobre
los peligros que conlleva la automedicación de
tranquilizantes, práctica que afecta mayoritariamente a
mujeres.
En
conversación con El Diario de Cooperativa, el siquiatra
señaló que las personas que consumen estos medicamentos sin
receta médica –lo que permite catalogarlas de drogadictas-
comienzan "a no andar bien en la vida porque no hay
control".
Montenegro señaló que es
principalmente el sexo femenino el que recurre a esta práctica,
ya que "los trastornos afectivos, las depresiones
fundamentalmente, están mucho mas prevalentes, es más común,
en las mujeres que en los hombres".
Agregó que "tiene que ver
también con nuestros indicadores de salud mental
nacional" que, según estudios, muestran que una
impotante parte de la población sufre trastornos sicologicos.
"Las depresiones, los
trastornos de angustia y el consumo de alcohol y drogas, (son)
los tres principales problemas de salud mental en Chile y
(nuestro país tiene) una prevalencias muy alta a nivel
mundial, de los países que los han estudiado", afrimó.
El experto
relató que los tranquilizantes –benzodiazepinas- "son
de muy alta utilidad y son muy buenos si son bien prescritos y
bien controlados por los médicos. Pero se transforman en
droga si empieza a haber automedicación y comienzan a
conseguirlos de otras maneras que no sean las lícitas".
Agregó que la práctica
"empieza a tomar todo este carácter de sufrimiento en términos
de ocultamiento.
"Las personas empiezan a
disfuncionalizarse, a no andar bien en la vida porque no hay
control. Entonces empiezan a no dormir bien, a no funcionar
bien, a no pensar bien, no trabajar bien", añadió.
El siquiatra adelantó que en
marzo próximo el Conace lanzará el libro "Mujeres y
tratamiento de drogas", que presenta un enfoque inédito
en la materia.
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¿Quién no ha acudido alguna vez a la
farmacia, sin receta, a adquirir un medicamento recomendado por un familiar,
pero que requiere prescripción médica? ¿Y quién no ha comprado un
medicamento recetado antes por el médico para esa dolencia banal (garganta,
oído) que padece en invierno pero se cura con fármacos que no precisan receta?
En el primer caso, estamos ante una persona que opta por la autoprescripción.
En el segundo, tenemos a un usuario que, reconociendo los síntomas de la
enfermedad sufrida periódicamente y “sabiendo el modo de combatirlos”, se
inclina por la automedicación.
Los especialistas de la
salud son enfáticos en resaltar el peligro que implica la autoprescripción y/o
la automedicación. Su origen está en que no se hace un diagnóstico, y el único
profesional idóneo y autorizado para ello es el médico: no los familiares, ni
amigos, ni el químico - farmacéutico.
La autoprescripción tiene para buena parte de
la población y para la mayoría de los médicos, connotaciones negativas al
constituir una terapéutica no controlada, la cual deriva habitualmente en uso
irracional de los medicamentos, riesgos e incremento de los gastos en salud.
Las consecuencias son importantes: retrasar el
diagnóstico, establecer un diagnóstico incorrecto, enmascarar la enfermedad,
prolongar o agravar la patología, seleccionar una farmacoterapia incorrecta,
conducir al uso inadecuado y peligroso de medicamentos, incrementar el riesgo de
reacciones adversas y de interacción de fármacos, contribuir al fenómeno de la
resistencia a los medicamentos, facilitar el contagio y fomentar la
drogo-dependencia.
Existen factores que
condicionan y favorecen el consumo de medicamentos sin prescripción, como la
venta de medicamentos en lugares no autorizados (micros, ferias libres, almacén
de barrio), la escasa accesibilidad al facultativo, el poco tiempo libre de los
usuarios y el excesivo relajo en el cumplimiento de la legislación sobre
dispensación de especialidades farmacéuticas que exigen receta
médica.
Algunos
grupos de medicamentos merecen especial atención, porque son objeto de consumo
indiscriminado y pueden acarrear serios problemas.
1) Antibióticos. Se espera de ellos la
curación definitiva de los procesos infecciosos, del tipo que sean. Son los que
más expectativas han generado en los últimos años. En la mayoría de las
ocasiones, no están indicados ni se toman en las dosis adecuadas ni con la
duración necesaria. El resultado es que además de otros efectos
indeseables, se ha observado un
incremento importante de las tasas de resistencia bacteriana. Los gérmenes se
vuelven resistentes a los antibióticos, lo que en breve plazo constituirá,
-advierten los especialistas- un grave problema de salud pública.
2) Analgésicos. Los datos sobre su consumo e
investigaciones realizadas con el propósito de evaluar la automedicación en
Chile, refieren un empleo masivo de analgésicos en todos los grupos de
edad.
3) Antiinflamatorios no
esteroidales (AINEs). Su consumo creciente, asociado o no a analgésicos, afecta
fundamentalmente a las personas de más edad, que sufren más procesos
inflamatorios crónicos y degenerativos. La gastritis y las hemorragias
digestivas, además de otros efectos adversos, son los riesgos más
habituales. | |
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Fuente: |
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Prof.
Fernando López Silva. Pontificia
Universidad Católica de Chile |
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Esta información
está revisada y respaldada por la Facultad de Química de la Pontificia
Universidad Católica de Chile. |
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